Débora la Pajarita: El nombre que confirma el grito del Informe Runa Sipiy

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El cuerpo sin vida de Débora Tyrone Zambrano, encontrado en la fría vía que conecta Echeandía con Caluma, es mucho más que una noticia policial. Es la prueba material de una advertencia que lleva tiempo resonando en los pasillos del poder, una que ha sido gritada en marchas y plasmada en informes meticulosos. Débora, conocida en su comunidad como «Débora la Pajarita», es ahora el nombre trágico que confirma lo que las organizaciones de derechos humanos saben: en Ecuador, ser una mujer trans es sentenciar de muerte.

Reportada como desaparecida el sábado 08 de noviembre en el cantón Ventanas, su búsqueda terminó en el peor de los escenarios. La distancia geográfica entre su última ubicación y el lugar del hallazgo habla de un posible periplo de terror, de una vulnerabilidad extrema que el sistema de justicia ecuatoriano es incapaz de comprender y, por lo tanto, de prevenir.

Runa Sipiy: Ver a la persona detrás de la cifra

Frente a la indiferencia estatal, la Asociación Silueta X levantó una herramienta de resistencia y memoria: el Informe Runa Sipiy. Su nombre, tomado del Kichwa, significa «Ver a la Persona». Y esa es precisamente su misión: arrancar a las víctimas trans del anonimato de las estadísticas y devolverles su identidad, su historia y su humanidad.

El informe no es un simple recuento de crímenes. Es un mapa del dolor que dibuja un patrón claro y aterrador: la violencia letal se ensaña con mayor ferocidad contra las mujeres trans, particularmente aquellas que viven en provincias, que dependen de trabajos informales y whose whose existencias ya son marcadas por la exclusión social.

“Cada vez que añadimos un nombre a Runa Sipiy, sentimos que el Estado nos falla”, nos comenta desde Silueta X. “Débora no es una sorpresa en nuestros registros. Es la temida materialización de nuestros datos. Llevamos tiempo diciendo que estamos en una emergencia, que cada día que pasa sin políticas de protección, arriesgamos la vida de otra compañera”.

La falla que va de la desaparición al feminicidio

El caso de Débora expone con crudeza las grietas del sistema. ¿Qué pasó entre el reporte de su desaparición y el hallazgo de su cuerpo? ¿Se activaron los protocolos de búsqueda con la celeridad y la perspectiva de género que una persona trans merece? La respuesta, lamentablemente, parece ser no.

La falta de sensibilidad de las autoridades frente a la desaparición de personas LGBTI+ es un problema crónico. A menudo, sus casos son tratados con menor urgencia, minimizados o incluso ignorados bajo prejuicios que estigmatizan a las víctimas. Esta inacción inicial es, en muchos casos, el primer paso hacia la impunidad.

“Una desaparición no es un trámite, es la alarma más grande de que una vida está en peligro”, señala la organización. “La pasividad con la que se actuó en el caso de Débora es una forma de complicidad. No podemos permitir que sus familiares y su comunidad tengan que buscar justicia por sí solas mientras el Estado mira hacia otro lado”.

De la lamentación a la exigencia: Justicia sistémica

Desde Silueta X, el duelo se transforma rápidamente en acción. La exigencia de justicia por Débora es solo el punto de partida. La lucha real es para que su muerte sirva para activar un cambio estructural.

La demanda es clara: que la Fiscalía investigue este crimen como un transfeminicidio, reconociendo el móvil de odio por identidad de género. Pero además, se exige una rendición de cuentas sobre la negligencia en su búsqueda y, fundamentalmente, que el Estado ecuatoriano, a través de sus ministerios y la Asamblea Nacional, atienda de una vez por todas las alertas del Informe Runa Sipiy.

Débora la Pajarita no puede ser solo una lágrima más en el océano de la impunidad. Su nombre debe grabarse a fuego en la conciencia nacional como el recordatorio de que la invisibilidad mata. Y que ver a la persona, como reza el informe que intenta honrar su memoria y la de tantas otras, es el primer paso para poder protegerla. Mientras tanto, desde la comunidad trans, la promesa es no callar, no olvidar y no descansar hasta que la justicia no sea solo una palabra, sino una realidad.

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